Económica, política y socialmente, el inestable México del siglo XXI navega en una incertidumbre, más que evidente, descarada. Las principales entidades de gobierno resultaron no solo ser cómplices, sino orquestadoras de la ilicitud reinante en todo el país, donde únicamente han triunfado los demonios. Las máscaras del llamado Crimen Organizado, sustituyeron a los serios y respetables bustos de cuello blanco, o, entre ambos, conformaron el explosivo coctel social del país, exponiendo el perfil...