Vivir un enclaustramiento puede ser consecuencia de una decisión propia o de un acto merecedor de castigo. De cualquier forma, abstraerse del mundo, por cualquiera de las dos vías mencionadas, lleva a crear un entorno propio, a veces sólo comprensible para quien lo habita. Tener un espacio personal es siempre causa de placer, genera un sentimiento de protección, a menos, claro, de que se convierta en un laberinto del cual sea imposible salir. El protagonista de «Edén», novela escrita por Juan...