Stella Bruno nos coloca ante un inframundo, un recorte –un oculto rincón, un recoveco tenebroso del universo que sirve como representación de un todo– que va mostrando sin tapujos las grietas, las vías y las zonas oscuras de la demolición de lo humano. Una obra que presenta un verdadero juego para armar, en el que van apareciendo personajes difícilmente olvidables (el Rengo, los Canitas, Isabel, María, entre otros); cada uno a su manera despierta en la imaginación del lector asociaciones fuertes...