Todo destino consta en realidad de un solo momento, el momento en que la mujer sabe para siempre quién es, escribió, más o menos, Borges, acaso intuyendo a Serafita, la niña que se conocerá el día en que el abrazo de su amante –la cincuentona, rolliza y ardiente Gloria– las abandone y ella, insurgente para siempre, abrace las armas contra el imperio. Será una guerra de sur a norte, de negro a blanco y de pobre a rico que la tendrá de lidereza junto a la india americana La Mala Cochise. Mientras,...